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Apuntes

¿Microbioma de género?

Una estudiante de doctorado fabrica yogur con su flora vaginal

Dentro del contexto de la 4ª Cumbre Mundial de Microbiota Intestinal para la Salud, que se ha celebrado en Barcelona el pasado, y que ha reunido a más de 300 expertos internacionales (médicos y nutricionistas), ha brillado con especial fulgor la joven neurobióloga estadounidense Elaine Hsiao, quien recientemente ha recibido un premio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos y está en la lista de la revista Forbes de los menores de 30 años más brillantes. Mucho de su éxito tiene que ver con los espectaculares resultados de uno de sus experimentos, realizado en 2013 y publicado en la revista Cell, en el que consiguió mejorar la conducta autista de ratones de laboratorio, alimentándolos con bacterias que viven en nuestros intestinos, es decir, en nuestro microbioma, antes llamado flora intestinal. Todo ello, en un momento en el que la comunidad científica empieza a reconocer casi unánimemente el papel protagonista que en el futuro de la salud tendrá el avance del conocimiento sobre el microbioma y la metagenómica. Un auténtico cambio de paradigma en la relación nutrición-salud, como se apuntaba en el libro El segundo cerebro, y que ha llevado a la doctora Hsiao a afirmar: “Estamos aprendiendo tanto sobre cómo las bacterias afectan al cerebro y la conducta, que los psicobióticos no son ciencia ficción”.
Casi en paralelo, Cecilia Westbrook, una graduada en Ciencias, actualmente trabajando en su tesis doctoral en la Universidad de Madison (Wisconsin), ha elaborado con éxito, y posteriormente consumido con cierta delectación, un yogur con las bacterias de sus secreciones vaginales, abundantes en lactobacilos. Lo insólito de la ocurrencia y el relato de la historia que la periodista Janet Jay publicó en la revista Vice, dirigida fundamentalmente a jóvenes, ha convertido el experimento en un fenómeno viral sin precedentes, en sustancia para un más que acalorado debate y en un aluvión de críticas hacia la experimentadora y hacia la divulgadora, que Jay resumía así: “Son muchos los que han dicho que Cecilia es una enferma mental y una ignorante… a mí me han llamado de todo”.
La inmediata reacción de Westbrook ha hecho girar el asunto hacia una cuestión o problema de género: “Era un experimento divertido para ver si funcionaba. Me llama la atención que, mientras la publicación de un libro de recetas a base de semen, Natural Harvest, escrito por Paul Fotie Photenhauer en 2012, a mucha gente le pareciera gracioso o indiferente, pero ¿por qué un libro de cocina con semen es una tontería y esto es repugnante?, ¿Por qué la vagina chirría tanto entre el público? La gente lo considera asqueroso por el hecho de que hay vida ahí, pero es algo natural y parte de la salud de las mujeres. La feminista que hay en mí quiere decir algo sobre la belleza que hay en conectar tu cuerpo y tu comida, y explorar el poder de la vagina. Reconozco que hay algo de mística hippie en esto, pero también de estar a gusto con tu propio cuerpo, especialmente en una cultura que está tan a disgusto con el cuerpo de las mujeres”.
Desde un punto de vista estrictamente científico, a Cecilia Westbrook le sorprende que a estas alturas se sepa tan poco de la flora vaginal, porque desde 1892, cuando el ginecólogo alemán Albert Döderlein descubriera los lactobacilos que actúan como porteros del ecosistema de la vagina, apenas se han escrito un par de artículos relevantes sobre el tema. Cecilia llega a la siguiente reflexión: “Es muy raro que no sepamos más sobre la flora vaginal teniendo en cuenta lo importante que es”. El microbioma y la metagenómica toman ahora un interesante y polémico sesgo de género.■

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